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 Es la mañana del miércoles 6 de julio del 2005. Salimos hacia el sur con destino a San Alfonso en el Cajón del Maipo. Vamos, Jeanine y yo, sólo con los niños de segundo básico. Ellos llevan dibujos de regalo para su ex – compañero Luca Mercier que nos ha invitado a conocer su nueva casa donde funciona la chocolatería de su papá. El sol está radiante y la cordillera verde y nevada después de unos días de lluvia y frío. Al principio son sólo los graffities de los muros de la ciudad y los autos los que llaman la atención de los niños.
Poco a poco, la cordillera cobra importancia y se adueña del paisaje; van quedando atrás lo conocido y aparecen las imponentes montañas de los Andes y se escucha el sonido del río que serpentea abajo. Los puentes nos dejan apreciarlo de repente y los niños se van quedando mudos. Aprovecho entonces de mostrar: la ladera, la colina, la cima, el origen y el cauce del río, el valle, los matorrales y los árboles. Es una clase de de geografía. No sé cuanta atención prestan a mis palabras pero estoy segura que lo que ven es majestuoso y diferente y ya aparecerá en sus textos y dibujos. En este silencio, mirando otras personas, otras actividades llegamos a nuestro destino.
   
En la casa nos recibe toda la familia y nos hacen el tour por el paraíso del sabor, color, olor que es la chocolatería. Luego de saludar a las tres operarias y mirar todas las máquinas, conocemos y tomamos el peso a las enormes barras de chocolate importado desde Bélgica con las que se elaboran, según rigurosas medidas y temperaturas diversos tipos y formas de chocolates que también probamos.
Aprendemos que el chocolate viene del árbol del cacao, que éste se da en Sudamérica, en los trópicos y que de él se obtiene polvo y mantequilla que dan origen, según las proporciones al chocolate negro y blanco. Disfrutamos y aprendemos también, eso espero, de las personas y sus oficios, de la rigurosidad y pasión de un hombre por su empresa y, sobre todo, de la hospitalidad y la generosidad con las que nos atendió toda la familia.
  Vieron, también y aprendieron, de su amigo Luca, que el trabajo es una muy buena fuente de aprendizaje ya que él, después del colegio va a la chocolatería a trabajar, integrando el equipo de trabajadores. Vimos a Luca muy orgulloso de mostrar lo aprendido y feliz de recibirnos en su casa.
Nosotros agradecemos la posibilidad que nos brindó la familia Mercier de compartir con ellos su espacio de convivencia.
Gloria Barrales. Artículos relacionados: visita a Museos Salida a la granja Salida a Quintay
Peñalolén, Julio 05. |