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Economía y Matemáticas en el colegio PDF Imprimir E-Mail

Latas

 Jeanine me pidió que escribiera unas líneas sobre estas actividades extracurriculares ligadas a la economía, por el accidente específico de ser de oficio economista, espero que al menos no se aburran con este pequeño relato de lo que veo cotidianamente en los ya más de 10 años que estamos ligados al jardín/colegio.

Estábamos todavía en la casa de Castillo Velasco, juntábamos latas que los niños/as pisoteaban a gusto, para luego clasificar, agrupar, contar, pesar, vender, en una clase increíble de matemáticas para los chicos, medianos, grandes, grandotes… los que se sumaban a cada parte del proceso según su edad y las habilidades que ya habían desarrollado, entonces las latas rojas de un montón, así o así de grande se transformaban en 158 latas, que luego pesaban 3.247 gramos, o 3 kilos con 247 gramos, luego los mas grandes esperaban al camión de las latas que les compraría en $$$$ los que entre todos habían procesado, esto es un proceso productivo que llega hasta su fase comercial, obteniendo de la energía procesadora: dinero, que es también finalmente energía condensada en monedas, esta nueva energía es la que ellos/as podían utilizar para sus proyectos, un arco de fútbol, tal vez un acuario, pero decidido de manera  cooperativa, tal y como hacían producir su “empresa recicladora de latas”.

 Latas Latas Latas

Las visitas al supermercado para ver que productos de estación están disponibles, cuales son los mas baratos para luego pedir esos ingredientes para el taller de alimentos, me acuerdo de mis hijas todavía de jardín decirme que habían elegido zanahorias o kiwis porque la tarjeta del precio tenia 3 números, es decir era barato porque estaba en las centenas y no en los miles.

 

Y ahora, tenemos una intensa vida económica y empresarial en el colegio, 3 “empresas” que han perdurado de un año a otro, Los Mafiosos,  Artesan, Wooni Bloom, se suman a la ya extinguida Constelación que tan buenos frutos dio para el viaje a Francia. Los niño/as  hacen distinciones increíbles: Wooni Bloom es una actividad de inversionistas, ya que no producen nada, solo invierten dinero en comprar cosas que luego venden para recuperar lo invertido, y con la utilidad obtenida juntar esta energía condensada para un proyecto de grupo. Ni hablar de Los Mafiosos comerciantes avezados. Y las mas pequeñas son productoras, hacen sus objetos, sorpresas, regalos, le agregan valor y transforman dando nuevo uso a los deshechos, son las grandes recurseras, nada es desperdicio, la energía con ellas se transforma una y otra vez.

 

Todo/as aprendieron ya a llevar cuentas, pequeñas contabilidades, a sacar porcentajes para poder entregar al fondo común del colegio una parte de sus ganancias.  Siguen aprendiendo el respeto mutuo, la aceptación de que las habilidades de todos/as no son las mismas y que tienen que complementarse y potenciar lo que mejor hace cada uno/a. Las que no tienen grandes habilidades manuales, sacan las cuentas, ordenan, mientras las otras producen. Resuelven conflictos, evalúan el desempeño de cada uno/a, cierran ciclos sin traumas.

Y de donde viene esta energía emprendedora, empresarial en niños/as que tienen padres/madres mas bien “alternativos”, artistas, en un colegio tan hippie, ecologista…en que aparentemente este tipo de actividades parece ser fuera de lugar?

 

Yo no tengo una respuesta, creo que este juego del aprendizaje que la Maison le da como espacio  a los niños/as, donde el conocimiento no es un paquete abstracto que tengo que meter en este hueco del cerebro, si no son concreciones en la vida cotidiana, en la autonomía que quieren y tienen que desplegar, en la energía creativa de los talleres de arte, en los sueños que se hacen proyectos, posibles, factibles, económicamente viables con la irrupción de la energía emprendedora, es donde podría estar la semilla de esta capacidad empresarial de nuestros hijos/as.

 

La economía monetaria es la hegemónica en este tiempo, pero no fue así en el comienzo de las economías, el trueque era la manera a la mano para  intercambiar, hoy la escala de operación humana lo hacen inviable como único medio de intercambio, pero en la escala de la comunidad si es posible, nuestros niños/as están aprendiendo a diferenciar entre valor y precio, y no porque hayan estudiado El Capital, o escuchado a Serrat, sino porque es claro que cuando trueco un objeto que tiene una historia conmigo por otro que muero por tener, no interesa cuanto “costo” en el origen, o cual es el “precio” de reventa. Es cuantas ganas tengo de obtener lo que el otro ofrece y así mismo es para el que esta enfrente, el vendedor/comprador desaparece para dar paso a los trocadores/as, que ponen ganas en vez de monedas en la balanza.

 

Por eso Martín cambio su hermoso libro del Príncipe Valiente por un humilde dado con sus puntos desteñidos… “yo tenia tantas ganas de tener un dado mami…”, pero si ni se le ven los puntos! “Pero es blanco y a mi me gusta!,  y a mi amigo le gustaba tanto mi libro!, y se puso tan feliz!..”.

 

Parece que le estamos apuntando, y que, como me puso la Jeanine en el mail “Tendremos quizás una nueva generación que, sin perder su solidaridad ni su empatía sean capaces de resolver problemas e inventar iniciativas, especialmente con algo tan poco mirado como LAS RECURSERIAS , que todos tenemos en nuestras casas”. 

 

 Cariñosamente,

Jossie Escárate, mamá de Josefina y Martina Espinoza.

Peñalolen, Agosto del 2006

 

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